miércoles, 15 de mayo de 2013

Adaptación "Toda clase de pieles" II



Había una vez, hace muchos muchos años, en un castillo en lo alto de la montaña, vivía un rey y una reina junto con su adorable bebé recién nacida. Esta princesa, de nombre Candela, era la más bella sin duda de todo el reino.
A la celebración de su nacimiento vinieron las realizas de todo el continente, además de todos los habitantes del reino, que estaban ansiosos por ver a la preciosa princesa. Uno a uno debían entrar en la sala donde la niña descansaba, y muchos de ellos le dejaban regalos como ofrenda.
Entre la multitud, se encontraba un príncipe de pocos años, que venía de un reino mucho más lejano del que pertenecía Candela, y le dejó en la cuna donde estaba la princesa tres de sus más preciados objetos. Entre ellos se encontraban una figurita de un castillo, una moneda de oro y un anillo.
Pocos años más tarde, cuando Candela ya era más mayor y era capaz de andar y de hablar, su bella madre enfermó. Los médicos desconocían la causa y por más que investigaban y le hacían pruebas para saber por qué estaba enferma, no llegaron a ninguna conclusión. La reina Ariadna cada vez estaba más malita y más enferma, y los médicos le dijeron que no podrían curarla. Ella sabía que le quedaba poco tiempo de vida, así que decidió hablar con su hija Candela para explicárselo y para darle los tres objetos que el príncipe Alexis le había regalado cuando ella era un bebé. La princesa se quedó paralizada al ver los regalos porque parecían ser muy importantes para aquel que se los regaló.
La reina Ariadna le hizo prometer a Candela que nunca se olvidaría de ella, que haría que el rey se enamorase y se casase con una bella dama que le hiciera feliz, cuidara del reino y con quien tuviera un heredero al trono y, por otra parte, le pidió que encontrara a su amor verdadero y fuese feliz.
Años más tarde, y después de mucha búsqueda, el  rey conoció a una bella mujer, muy parecida a la reina Ariadna y con la que Candela se llevaba muy bien. Juntas jugaban, montaban a caballo e incluso trasteaban por el castillo. Al poco tiempo el rey decidió casarse con ella e intentaron tener un hijo y que éste fuera el heredero del trono.
Cuando finalmente el niño nació, Candela se dio cuenta de que ya era hora de buscar a un hombre con el que casarse y vivir felices eternamente. La noticia se difundió por todo el reino, y todos los hombres tanto del castillo como del reino e incluso de reinos cercanos venían al castillo de la princesa a pedirle matrimonio, pero a Candela no le gustaba ninguno.
Después de mucha búsqueda y muchos desafortunados pretendientes, la princesa, desesperada, decidió ir a buscar a su príncipe ella misma.
Entre los preparativos de su marcha, hablando con su padre, el rey, le dijo que debía salir del castillo en busca de su amor verdadero, pero que necesitaría un abrigo para arroparse del frío y un vestido precioso para enamorar al príncipe. Su padre aceptó las peticiones de Candela, y rápidamente pidió a los mejores sastres que le hicieran un abrigo gordo y caliente para que su hija no tuviera frío por las noches, además del vestido más bonito jamás fabricado para que el príncipe se enamorase de la princesa en cuanto la viera.
Los sastres, escandalizados, no sabían cómo hacer un abrigo gordo y caliente para que la princesa no tuviese frío en la oscuridad de la noche, porque todos los que habían hecho y le habían entregado al rey no parecían ser lo suficientemente abrigados.  El abrigo de serpiente era muy fino, el abrigo de oso era muy corto, el abrigo de conejo era muy áspero… así que decidieron fabricar un abrigo con todo tipo de pieles, de este modo sería el abrigo más gordo y caliente del mundo.
En cuanto al abrigo, la princesa sabía perfectamente cómo quería el vestido con el que enamoraría al príncipe. Tenía que ser un vestido tan brillante tan brillante que se pareciese a las estrellas.
Cuando la princesa ya tenía todo listo para su marcha, se acordó de los regalos que el príncipe del reino lejano le había regalado cuando ella era un bebé. Ella sabía que esos regalos tenían que ser muy especiales para la persona que se los regaló, y si lo hizo sería porque ella era más importante aún para él, así que decidió que lo mejor era ir en búsqueda de aquel niño.
La princesa  había decidido ir sola en búsqueda de su amor verdadero porque decía que si iba acompañada le entorpecerían el camino. Cuando se acerca la hora de su salida, Candela cogió su abrigo de toda clase de pieles, su vestido tan brillante como las estrellas, la figurita del castillo, la moneda de oro y el anillo y emprendió su marcha. Candela estaba feliz, saltaba, corría y cantaba con los pájaros o cualquier cosa que se encontrara por el camino. Después de mucho tiempo andando, llegando la noche, como cada día, Candela tenía que adentrarse en el bosque para encontrar un sitio donde dormir. Después de mucho buscar, encontró una casucha vieja y abandonada y decidió adentrarse en ella, acurrucarse en una esquina y dormir.
A la mañana siguiente, aparecieron en la casa vieja y abandonada un grupo de cazadores y la despertaron. Candela, asustada, se tapó con su gran abrigo de toda clase de pieles y no dijo ninguna palabra. Cuando ya se dio cuenta de que los cazadores no querían hacerla daño, intentó hablar con ellos y explicarle qué hacía ahí pero, para su sorpresa, ninguno de ellos hablaba su idioma.
Entre gestos y más gestos, los cazadores le dijeron a la princesa que cerca de donde se encontraban estaba su castillo, y que ahí podría asearse y comer algo, y ella aceptó.
Cuando llegaron al castillo, Candela se dio cuenta de que nadie hablaba su idioma, excepto el príncipe Alexis, que sabía un poco de su idioma y era con el único con el que se podía entender.
La princesa Candela y el príncipe Alexis se hicieron muy amigos y estaban todo el día juntos. Salían a pasear, iban a la biblioteca, jugaban con las mascotas e incluso correteaban por el castillo.
Cuando Candela se quiso dar cuenta, estaba enamorada de Alexis. Había pasado muchos años en el castillo como invitada, tenía mucha relación con el rey y la reina del castillo, y también con los sirvientes con quienes guardaba muchas confidencias. Pero Candela nunca le dijo a nadie de dónde provenía.
Un buen día, la reina decidió celebrar una fiesta en el castillo, a la que estarían invitados todos los habitantes del reino. En realidad lo que la reina quería era que su hijo Alexis encontrara una pretendienta y se casara pronto.
Entre tantas confidencias entre Candela y Alexis, éste le contó que no quería casarse con quien su madre decidiera, sino que él sabía perfectamente con quien quería casarse, y que lo sabía desde que era pequeño y fue a un castillo en el que había nacido una bella princesa y le había dejado tres regalos que para él tenían una gran importancia y que esperaba que algún día esa bella mujer se los devolviese.
En ese momento, la princesa se dio cuenta de que Alexis era el príncipe al que ella había ido a buscar y que, sin saberlo, se había enamorado de él, pero no le quiso decir nada. También sabía que tenía que evitar que Alexis se enamorara de otra mujer durante la celebración de la fiesta, y tenía que hacer que el príncipe se enamorara de ella.
Los días anteriores a la noche de baile, mientras se preparaba la celebración, la princesa Candela le pidió a un sirviente, con quien tenía mucha relación y quien sabía perfectamente el amor que tenía la princesa por Alexis, que le dejase en la mesilla de noche al príncipe los tres regalos que éste le había dado cuando ella era un bebé, de este modo el príncipe sabría que la bella mujer que conoció cuando era pequeño, había venido en su búsqueda.
Poco antes de que comenzara el baile, cuando el príncipe subió a su habitación a vestirse, vio los tres regalos que le había hecho a la pequeña princesa hacía muchos años, y se alegró mucho pensando que por fin conocería a la mujer con quien quería casarse y no tendría que casarse con una mujer que eligiera su madre.
La noche del baile, mientras todos los invitados estaban en la sala de baile, Candela subió rápidamente a su habitación y se puso el vestido tan brillante como las estrellas. Cuando llegó a la sala de baile y bajó las escaleras, toda la corte real se quedó paralizada. Igual se quedó el príncipe, que se acercó rápidamente a ella y le pidió un baile.
Mientras bailaban, el no paraba de decirle lo guapa, bella y hermosa que estaba esa noche. Y entre tanto baile y tanta conversación, a la princesa se le escapa que viene de un país muy lejano, que había salido del castillo en busca de un príncipe que le había hecho unos regalos cuando ella era pequeña.
En ese momento, el príncipe Alexis se da cuenta de que ella es la mujer de la que siempre había estado enamorado. Mete la mano en el bolsillo, saca la figurita del castillo y dice: “Esta figurita representa el lugar donde viviremos juntos eternamente, esta moneda de oro significa el poder y la riqueza que tendremos al unir nuestros reinos, y este anillo es para que te cases conmigo y seamos felices para siempre”.
La princesa, emocionadísima, abraza al príncipe y le besa hasta dejarle sin respiración. Pocos años después, Candela y Alexis se casan y son felices para siempre jamás.
¡Colorín colorado, este cuento se ha acabado!


Este cuento es una adaptación del cuento de “toda clase de pieles”, y está dirigido a los niños de entre 3 y 8 años aproximadamente. He querido adaptarla porque hay aspectos que no me han parecido apropiados para contarles a los niños.
Entre ellos, he eliminado, en primer lugar, el hecho de que fuese la madre quien le diera los regalos a la hija, sino que he puesto que fue el príncipe al visitarla cuando era un bebé. Y he modificado también los regalos en sí, es decir, en vez de ser una figurita de la virgen, una rueca de hilar y un anillo de bodas, he puesto que le regalaba una figurita del castillo, una moneda de oro y un anillo de bodas.
Por otro lado, también he mantenido algunos aspectos que me han parecido interesantes. Entre ellos encontramos que he dejado que la madre se muera, porque me parece un tema que los niños entienden y, al ser un texto folclórico no se sentirán identificados. También he continuado con la problemática de que el rey se tiene que casar para conseguir un heredero, aunque he eliminado el hecho de que él quisiera casarse con su propia hija, ya que no me parece un buen tema para contarles a los niños.
Otro de los aspectos que he modificado ha sido el tema de los vestidos, puesto que he preferido que hubiese una sola noche de baile y por lo tanto un solo vestido.
También he cambiado que el rey encuentra a su futura mujer mientras la princesa está en el castillo, y que ésta debe salir del castillo no porque deba huir y alargar el matrimonio con su padre, sino porque debe buscar un príncipe con el que casarse.
Pienso que haciendo estas adaptaciones y modificaciones, los niños comprenderán mejor el cuento, les gustará más y será más adecuado para sus edades.

1 comentario:

  1. Muy bien.

    No has tenido en cuenta el papel simbólico de los vestidos y del abrigo. En la versión que os conté, su papel es el de retrasar el cumplimiento de lo que no desea (casarse con su padre) pero, en tu adaptación, no hay nada en este sentido.

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