Había una vez, hace muchos muchos años, en un castillo en lo
alto de la montaña, vivía un rey y una reina junto con su adorable bebé recién
nacida. Esta princesa, de nombre Candela, era la más bella sin duda de todo el
reino.
A la celebración de su nacimiento vinieron las realizas de
todo el continente, además de todos los habitantes del reino, que estaban
ansiosos por ver a la preciosa princesa. Uno a uno debían entrar en la sala
donde la niña descansaba, y muchos de ellos le dejaban regalos como ofrenda.
Entre la multitud, se encontraba un príncipe de pocos años,
que venía de un reino mucho más lejano del que pertenecía Candela, y le dejó en
la cuna donde estaba la princesa tres de sus más preciados objetos. Entre ellos
se encontraban una figurita de un castillo, una moneda de oro y un anillo.
Pocos años más tarde, cuando Candela ya era más mayor y era
capaz de andar y de hablar, su bella madre enfermó. Los médicos desconocían la
causa y por más que investigaban y le hacían pruebas para saber por qué estaba
enferma, no llegaron a ninguna conclusión. La reina Ariadna cada vez estaba más
malita y más enferma, y los médicos le dijeron que no podrían curarla. Ella
sabía que le quedaba poco tiempo de vida, así que decidió hablar con su hija
Candela para explicárselo y para darle los tres objetos que el príncipe Alexis
le había regalado cuando ella era un bebé. La princesa se quedó paralizada al
ver los regalos porque parecían ser muy importantes para aquel que se los
regaló.
La reina Ariadna le hizo prometer a Candela que nunca se
olvidaría de ella, que haría que el rey se enamorase y se casase con una bella
dama que le hiciera feliz, cuidara del reino y con quien tuviera un heredero al
trono y, por otra parte, le pidió que encontrara a su amor verdadero y fuese
feliz.
Años más tarde, y después de mucha búsqueda, el rey conoció a una bella mujer, muy parecida a
la reina Ariadna y con la que Candela se llevaba muy bien. Juntas jugaban,
montaban a caballo e incluso trasteaban por el castillo. Al poco tiempo el rey
decidió casarse con ella e intentaron tener un hijo y que éste fuera el
heredero del trono.
Cuando finalmente el niño nació, Candela se dio cuenta de
que ya era hora de buscar a un hombre con el que casarse y vivir felices eternamente.
La noticia se difundió por todo el reino, y todos los hombres tanto del
castillo como del reino e incluso de reinos cercanos venían al castillo de la
princesa a pedirle matrimonio, pero a Candela no le gustaba ninguno.
Después de mucha búsqueda y muchos desafortunados
pretendientes, la princesa, desesperada, decidió ir a buscar a su príncipe ella
misma.
Entre los preparativos de su marcha, hablando con su padre,
el rey, le dijo que debía salir del castillo en busca de su amor verdadero,
pero que necesitaría un abrigo para arroparse del frío y un vestido precioso
para enamorar al príncipe. Su padre aceptó las peticiones de Candela, y
rápidamente pidió a los mejores sastres que le hicieran un abrigo gordo y
caliente para que su hija no tuviera frío por las noches, además del vestido
más bonito jamás fabricado para que el príncipe se enamorase de la princesa en
cuanto la viera.
Los sastres, escandalizados, no sabían cómo hacer un abrigo
gordo y caliente para que la princesa no tuviese frío en la oscuridad de la
noche, porque todos los que habían hecho y le habían entregado al rey no
parecían ser lo suficientemente abrigados.
El abrigo de serpiente era muy fino, el abrigo de oso era muy corto, el
abrigo de conejo era muy áspero… así que decidieron fabricar un abrigo con todo
tipo de pieles, de este modo sería el abrigo más gordo y caliente del mundo.
En cuanto al abrigo, la princesa sabía perfectamente cómo
quería el vestido con el que enamoraría al príncipe. Tenía que ser un vestido
tan brillante tan brillante que se pareciese a las estrellas.
Cuando la princesa ya tenía todo listo para su marcha, se
acordó de los regalos que el príncipe del reino lejano le había regalado cuando
ella era un bebé. Ella sabía que esos regalos tenían que ser muy especiales para
la persona que se los regaló, y si lo hizo sería porque ella era más importante
aún para él, así que decidió que lo mejor era ir en búsqueda de aquel niño.
La princesa había
decidido ir sola en búsqueda de su amor verdadero porque decía que si iba acompañada
le entorpecerían el camino. Cuando se acerca la hora de su salida, Candela
cogió su abrigo de toda clase de pieles, su vestido tan brillante como las
estrellas, la figurita del castillo, la moneda de oro y el anillo y emprendió
su marcha. Candela estaba feliz, saltaba, corría y cantaba con los pájaros o
cualquier cosa que se encontrara por el camino. Después de mucho tiempo
andando, llegando la noche, como cada día, Candela tenía que adentrarse en el
bosque para encontrar un sitio donde dormir. Después de mucho buscar, encontró
una casucha vieja y abandonada y decidió adentrarse en ella, acurrucarse en una
esquina y dormir.
A la mañana siguiente, aparecieron en la casa vieja y
abandonada un grupo de cazadores y la despertaron. Candela, asustada, se tapó
con su gran abrigo de toda clase de pieles y no dijo ninguna palabra. Cuando ya
se dio cuenta de que los cazadores no querían hacerla daño, intentó hablar con
ellos y explicarle qué hacía ahí pero, para su sorpresa, ninguno de ellos
hablaba su idioma.
Entre gestos y más gestos, los cazadores le dijeron a la
princesa que cerca de donde se encontraban estaba su castillo, y que ahí podría
asearse y comer algo, y ella aceptó.
Cuando llegaron al castillo, Candela se dio cuenta de que
nadie hablaba su idioma, excepto el príncipe Alexis, que sabía un poco de su
idioma y era con el único con el que se podía entender.
La princesa Candela y el príncipe Alexis se hicieron muy
amigos y estaban todo el día juntos. Salían a pasear, iban a la biblioteca,
jugaban con las mascotas e incluso correteaban por el castillo.
Cuando Candela se quiso dar cuenta, estaba enamorada de
Alexis. Había pasado muchos años en el castillo como invitada, tenía mucha
relación con el rey y la reina del castillo, y también con los sirvientes con
quienes guardaba muchas confidencias. Pero Candela nunca le dijo a nadie de
dónde provenía.
Un buen día, la reina decidió celebrar una fiesta en el
castillo, a la que estarían invitados todos los habitantes del reino. En
realidad lo que la reina quería era que su hijo Alexis encontrara una
pretendienta y se casara pronto.
Entre tantas confidencias entre Candela y Alexis, éste le
contó que no quería casarse con quien su madre decidiera, sino que él sabía
perfectamente con quien quería casarse, y que lo sabía desde que era pequeño y
fue a un castillo en el que había nacido una bella princesa y le había dejado
tres regalos que para él tenían una gran importancia y que esperaba que algún
día esa bella mujer se los devolviese.
En ese momento, la princesa se dio cuenta de que Alexis era
el príncipe al que ella había ido a buscar y que, sin saberlo, se había
enamorado de él, pero no le quiso decir nada. También sabía que tenía que
evitar que Alexis se enamorara de otra mujer durante la celebración de la
fiesta, y tenía que hacer que el príncipe se enamorara de ella.
Los días anteriores a la noche de baile, mientras se
preparaba la celebración, la princesa Candela le pidió a un sirviente, con
quien tenía mucha relación y quien sabía perfectamente el amor que tenía la
princesa por Alexis, que le dejase en la mesilla de noche al príncipe los tres
regalos que éste le había dado cuando ella era un bebé, de este modo el
príncipe sabría que la bella mujer que conoció cuando era pequeño, había venido
en su búsqueda.
Poco antes de que comenzara el baile, cuando el príncipe
subió a su habitación a vestirse, vio los tres regalos que le había hecho a la
pequeña princesa hacía muchos años, y se alegró mucho pensando que por fin
conocería a la mujer con quien quería casarse y no tendría que casarse con una
mujer que eligiera su madre.
La noche del baile, mientras todos los invitados estaban en
la sala de baile, Candela subió rápidamente a su habitación y se puso el
vestido tan brillante como las estrellas. Cuando llegó a la sala de baile y
bajó las escaleras, toda la corte real se quedó paralizada. Igual se quedó el
príncipe, que se acercó rápidamente a ella y le pidió un baile.
Mientras bailaban, el no paraba de decirle lo guapa, bella y
hermosa que estaba esa noche. Y entre tanto baile y tanta conversación, a la
princesa se le escapa que viene de un país muy lejano, que había salido del
castillo en busca de un príncipe que le había hecho unos regalos cuando ella
era pequeña.
En ese momento, el príncipe Alexis se da cuenta de que ella
es la mujer de la que siempre había estado enamorado. Mete la mano en el
bolsillo, saca la figurita del castillo y dice: “Esta figurita representa el
lugar donde viviremos juntos eternamente, esta moneda de oro significa el poder
y la riqueza que tendremos al unir nuestros reinos, y este anillo es para que
te cases conmigo y seamos felices para siempre”.
La princesa, emocionadísima, abraza al príncipe y le besa
hasta dejarle sin respiración. Pocos años después, Candela y Alexis se casan y
son felices para siempre jamás.
¡Colorín colorado, este cuento se ha acabado!
Este cuento es una adaptación del cuento de “toda clase de
pieles”, y está dirigido a los niños de entre 3 y 8 años aproximadamente. He
querido adaptarla porque hay aspectos que no me han parecido apropiados para
contarles a los niños.
Entre ellos, he eliminado, en primer lugar, el hecho de que
fuese la madre quien le diera los regalos a la hija, sino que he puesto que fue
el príncipe al visitarla cuando era un bebé. Y he modificado también los
regalos en sí, es decir, en vez de ser una figurita de la virgen, una rueca de
hilar y un anillo de bodas, he puesto que le regalaba una figurita del
castillo, una moneda de oro y un anillo de bodas.
Por otro lado, también he mantenido algunos aspectos que me
han parecido interesantes. Entre ellos encontramos que he dejado que la madre
se muera, porque me parece un tema que los niños entienden y, al ser un texto folclórico
no se sentirán identificados. También he continuado con la problemática de que
el rey se tiene que casar para conseguir un heredero, aunque he eliminado el
hecho de que él quisiera casarse con su propia hija, ya que no me parece un
buen tema para contarles a los niños.
Otro de los aspectos que he modificado ha sido el tema de
los vestidos, puesto que he preferido que hubiese una sola noche de baile y por
lo tanto un solo vestido.
También he cambiado que el rey encuentra a su futura mujer
mientras la princesa está en el castillo, y que ésta debe salir del castillo no
porque deba huir y alargar el matrimonio con su padre, sino porque debe buscar
un príncipe con el que casarse.
Pienso que haciendo estas adaptaciones y modificaciones, los
niños comprenderán mejor el cuento, les gustará más y será más adecuado para
sus edades.
Muy bien.
ResponderEliminarNo has tenido en cuenta el papel simbólico de los vestidos y del abrigo. En la versión que os conté, su papel es el de retrasar el cumplimiento de lo que no desea (casarse con su padre) pero, en tu adaptación, no hay nada en este sentido.